martes, 7 de abril de 2009

Si yo fuese un hombre...



Hacía un buen día, por lo que salí a pasear por los bosques de alrededor de la aldea. Paseaba sin rumbo fijo, pensando en millones de cosas, las cuales llegaban a una idea en general. Pensaba en algo, que no debería pensar…pero mi imaginación siempre andaba desafiando las normas del decoro. “Si yo fuese un hombre, sería…”, ese era mi pensamiento.

Todo estaba en calma, excepto el lejano gorgoteo del agua al caer de una catarata para luego sumergirse en las profundidades de un inmenso lago. Esto hacía que me mi imaginación volase con más facilidad y libertad. Estaba rodeada de inmensos arbustos de intenso color verde. El suelo rebosaba de una densa hierba muy alta que se balanceaba al soplo de la brisa, como si fueran las olas de un lago.

Seguía avanzando por aquel sinuoso sendero, pero el largo vestido que llevaba se enredaba entre mis esbeltas piernas y me impedía avanzar con agilidad. Cuanto más me adentraba en el bosque, más escaseaba la luz solar que entraba entre las altas ramas, a pesar de ser la hora en que más quemaba el sol. Debía de dejar de caminar, si seguía caminando luego no sabría volver a la aldea. Busqué con la mirada un lugar despejado donde sentarme un rato mientras observaba el paisaje, pasaba el tiempo y dejaba mi desenfrenada imaginación volar. Allí, a unos pasos del lugar donde me encontraba, encontré una gran corteza de árbol cortado. Era idóneo para pasar un buen rato.
Además, tenía una bella vista. A unos cuantos metros más allá, a lo lejos, se veía el barranco que llevaba al lago; y en el horizonte se veía la gigantesca catarata entre multitud de ramas de diferentes árboles.

Pensaba. Seguía pensando en el mismo pensamiento que hace unos instantes. A pesar de ser una damisela de alta alcurnia y esto no debería estar pasando por mi mente. Pero ahí estaba, pensando en ello.
“Si yo fuese un hombre, sería…sería mucho mejor que cualquier otro hombre de los que tantos hay por estos tiempos. Sería más cuidadoso y protector con mi familia, y sobre todo con la dama a la que le entregue mi corazón. Sería más sincero, nadie dudaría de mí. Sería honrado y trabajador, sabiendo llevas hacia delante mis posesiones, para luego cederle este cargo a mis herederos. Sería responsable de todos mis actos e intentaría hacer la paz entre mis seres queridos y no la guerra ni la violencia. Sabría amarlos a todos por igual. Excepto a una persona. Aquella dama que consiga mi corazón, ella tendrá una atención muy especial en comparación de todos los demás. Sabría amarla al mismo tiempo que sabría escucharla y entenderla. La ayudaría en todo lo posible. Le daría ánimos en todo momento y siempre la haría feliz. Sería un buen amigo, compañero y marido. No le engañaría nunca. Sabría respetarla y aceptar todas las decisiones que tome y apoyarle en todo lo posible, aunque lo que ella decida no sea la misma decisión que la mía. Al mismo tiempo que me gustaría que ella me correspondiese de igual modo que yo le corresponderé a ella, y que me ame con toda su pasión…”

Un ruido hizo que saliese de mi ensoñación. Me sentía sobresaltada y asustada. El ruido tan solo era una ardilla corriendo y saltando entre los árboles. Al menos no era una bestia, y me sentí algo más aliviada. Era hora de volver a casa. Qué hora sería, el tiempo me sumió en una ensoñación y parecí no percibir el paso del tiempo.

P.D.: Si fuese un hombre…sabría cómo amar a una mujer…¿y tú?

1 pensamientos:

La Noventera on 10 de abril de 2009 a las 3:55 dijo...

si yo fuera un hombre creo que no seria un patan y hablaria con la verdad y definitivamente sabria como tratarla

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