domingo, 12 de abril de 2009

El vals



El vals…Sí, el vals. Esto es para ti, mi príncipe. Te acuerdas de aquel baile que prometiste bailar conmigo, ¿verdad? Aún lo sigo esperando. ¿Cuánto tiempo más me queda por esperar? Mucho más, supongo. Así que decidí dejar volar mi imaginación, pensando que estabas aquí conmigo y que llegaba el momento del baile…si, el baile, ¿te acuerdas? En los cuentos de hadas siempre hay un baile entre el príncipe y la princesa. Quizás esto no sea precisamente un cuento de hadas, pero quiero que pienses que sí lo es, que tú eres el príncipe y yo la princesa.
El día del baile ya llegó ¿lo sabías? Solo llegó en mi imaginación, porque en realidad aún no estás tú. Ese día todo era perfecto. Hacía una noche muy cálida, repleta de estrellas. Me invitaste a salir, pero yo no sabía dónde me llevabas. Tan sólo me dijiste que me vistiera con el vestido más hermoso que tuviese. Algo especial sucedería, pero no sabía qué. Me llevaste a un gran parque, era hermosísimo y tranquilo. Estábamos solos, solo a lo lejos se percibían las figuras de otras personas, pero no nos molestaban. Dimos un paseo por el parque, tú me agarrabas de la mano mientras caminábamos. Me llevaste a orillas de un gran lago, bajo la luz de la luna, veía ante mí una imagen inigualable, era preciosa. Nos sentamos bajo un gran árbol, allí había una manta extendida sobre la densa hierba fina junto a una gran cesta. Nos sentamos abrazados en la manta, tú estabas justo detrás de mí, de modo que mientras observábamos la danza de la luna sobre el calmado lago, me susurrabas palabras de amor. Todo era tan perfecto y precioso que nunca pensé vivir aquello.
Permanecimos así un rato, pero entonces, tú te levantaste y no sé de dónde, sacaste una rosa roja de tallo largo. Me la entregabas haciendo una breve reverencia, mientras decías “¿Me permitís esta pieza?”. Yo no me lo creía. Con mucho cuidado me levanté. Cogí la rosa y te ofrecí mi mano, al mismo tiempo que hacía una breve reverencia también. De pronto una música empezó a sonar. No podía creerlo, era la canción que a mí me gustaba tanto,” I´ll be” de Edwin McCain. Me miraste con esa mirada tan cautivadora sonriéndome con tu brillante sonrisa. No pude evitarlo, reí contigo. Aquello era mágico. Más mágico de lo que creía. Me arrastraste a ti, e inconscientemente y sin saber cómo, mis pies comenzaron a danzar siguiendo tus pasos. Hacías que diese mil vueltas, me acariciabas en cada instante posible. No dejábamos de mirarnos y sonreír. Mis ojos estaban casi inundados en lágrimas de felicidad y amor. Era justo lo que soñaba, aquel sueño que estaba brillando y quería salir.
Seguimos bailando. Me arrastrabas contigo por toda la gran pista de baile que formaba el gran claro de densa hierba que había alrededor de los árboles, cercanos al lago bajo la luz de la luna y las estrellas. Me abrazabas, me volvías a soltar para luego volverme a atraer hacía ti. Era uno de esos momentos que no quería que terminase nunca. Hiciste que me sintiera la protagonista del cuento, la princesa del cuento de hadas que era.
La música llegaba a su fin. Con ella, todo acabaría. Casi al final de la canción me abrazaste fuertemente entre tus brazos contra tu pecho, y me diste un dulce beso en la cabeza. Creo que no querías que me alejara de ti, pero la música acababa y tendría que hacerlo. Permanecimos así unos instantes, para luego separarnos. Tú no dejaste que me alejara de ti, seguías aguantándome aunque no con tanta fuerza. Se iba acercando el final, lo presentía. Yo no quería que mi sueño acabase, al menos no tan pronto. Pero sentía que se me iba de las manos y veía como se iba con la suave brisa entre las largas ramas de tantos árboles que allí había. Estaba pensando esto, cuando sin darme cuenta, tus labios rozaron los míos suavemente, para luego sumirse en un ferviente beso, cálido y posesivo. Justo en ese momento la música acabó. Todo acabaría ahí, sentía el dolor de la perdida en mi corazón, mientras las últimas notas musicales del vals se marchaban con la brisa.
Todo estaba en silencio a mi alrededor. Estaba sola, tú no estabas conmigo, no había ni rastro de tu presencia, por no decir de tu existencia. Estaba sola tumbada en el césped de mi casa bajo el sol de un atardecer. Veía como el sol a lo lejos se iba marchando…todo era un sueño…todo fue un sueño…


P.D.: Aún espero ese vals…

1 pensamientos:

La Noventera on 14 de abril de 2009 a las 5:00 dijo...

wuauuu q lindo m hace recorar un poco a la nueva cenicienta con hilary duff,tambien m hiso recordar cuando un chico me dijo ire a tu casa n la noche y arrojare piedritas a tu vntana y t tocare love story y aunque salga tu papa nada impdira q termin d decartela aiii q lindo tiempos lo que escribiste de algna forma me lo recordo

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