
Una noche hablando con un ángel a la luz de las estrellas, le dije:
- ¿Por qué soy a veces tan infantil? Me paso el tiempo soñando despierta e intento desesperadamente parecer refinada cuando en realidad soy fea, torpe y bastante ingenua. Basta que abra la boca para que parezca una completa idiota. Ojalá tuviera estilo y confianza en mí misma. Ojalá fuera como otras personas.
El ángel dejó de sonreír. Me miró con compasión y se apresuró a sentarse a mi lado. Estiró la mano para acariciarme la mejilla.
- Princesa, tesoro, eres muy hermosa. Y tu rostro también lo es. No quieras ser como otras personas. Eres fresca y joven. Tu espontaneidad es encantadora; te hace especial. Jamás te avergüences de tu inocencia. Es maravilloso soñar despierta; solo le pido a Dios que nadie te quite ese don jamás.
El ángel parecía tan convencido al decirlo, que no pude evitar devolverle una bella sonrisa.
- ¿Por qué soy a veces tan infantil? Me paso el tiempo soñando despierta e intento desesperadamente parecer refinada cuando en realidad soy fea, torpe y bastante ingenua. Basta que abra la boca para que parezca una completa idiota. Ojalá tuviera estilo y confianza en mí misma. Ojalá fuera como otras personas.
El ángel dejó de sonreír. Me miró con compasión y se apresuró a sentarse a mi lado. Estiró la mano para acariciarme la mejilla.
- Princesa, tesoro, eres muy hermosa. Y tu rostro también lo es. No quieras ser como otras personas. Eres fresca y joven. Tu espontaneidad es encantadora; te hace especial. Jamás te avergüences de tu inocencia. Es maravilloso soñar despierta; solo le pido a Dios que nadie te quite ese don jamás.
El ángel parecía tan convencido al decirlo, que no pude evitar devolverle una bella sonrisa.
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