
Dejé en suspenso el pensamiento en un lugar oscuro y silencioso. Me alejé del vasto parloteo de la humanidad y permití que el susurro de la suave brisa que movía las cortinas inundase mi mente. Contemplé mi tenue imagen en el espejo hasta que el rostro allí reflejado se convirtió en el de una desconocida, en un conjunto de rasgos sin expresión alguna en los ojos verdes ni en la boca impasible…y después en algo menos que una desconocida, en una simple máscara austera…y después en algo que estaba todavía más allá; en unas formas elementales, sin rastro humano. Sólo un espectro de luz y sombra, una sustancia a la vez visible e invisible.
Las palabras que un día leí se agolpaban en mi mente, como si quisiesen demostrar algo, como si quisiesen que viese algo, como si quisiesen que supiese algo…ahí estaban atormentándome rodeadas de miles pensamientos. Las recordaba con toda claridad, estaban grabadas en mi mente.
>> - Hay un hombre para ti, Amie.- aseguró Edna.
Amie abrió mucho los ojos.
- ¿Cómo sabes qué es eso lo que estoy buscando?
- No seas tan precavida y arriésgate un poco más. Si yo tuviera tu edad y el aspecto que tú tienes, te aseguro que ahora estaría meneando el pandero allá donde fuese. Sal ahí fuera y encuentra a tu propio hombre. Lo que necesitas es conocer a un joven bien guapo que te haga perder la cabeza. Y después de que lo hayas conocido, asegúrate de que tu cabeza sigue perdida durante mucho tiempo -. Concluyó Edna significativamente.
- Pero es que no consigo encontrar un hombre.- Amie dejó escapar un resoplido lleno de frustración -. Ya llevo mese buscando al recogedor de mi flor y…
- De tu flor… ¡Oh!
Amie torció el gesto.
- ¡Oh, Dios, qué vergüenza! No me puedo creer que acabe de decir eso. Verás, lo que pasa es que he empezado a llamarlo así en mis pensamientos porque soy la más vieja de todas las…ejem…
- Vírgenes.
- Ajá.
- ¿Y una joven tan guapa como tú no tiene ningún hombre en casa?
Amie suspiró.
- Durante los últimos mese he estado saliendo con carretadas de hombres…- Se interrumpió.
- ¿Y? – le animó a seguir Edna.
- Y no soy virgen a propósito – dijo Amie con voz malhumorada -. Lo que pasa es que no consigo encontrar un hombre al que pueda querer, y estoy empezando a pensar que el problema estriba de mí. Quizás espero demasiado. Quizás estoy reservándome para algo que ni siquiera existe.- Amie acababa de expresar en voz alta su gran temor secreto. Tal vez la pasión con mayúscula sólo era un sueño. Con todo la práctica en el besar que había llegado a adquirir durante los últimos meses, no había habido ni una sola vez en que se sintiera dominada por el desea. Ahora que pensaba en ello, Amie se dijo que ni siquiera estaba segura de que hubiera llegado a ver esa clase de pasión fuera de un cine o un libro.
- ¡Oh, queridita mía, no pienses eso! – exclamó Edna.- Eres demasiado joven y hermosa para renunciar a la esperanza. Nunca se sabe cuándo puede aparecer el hombre ideal. Eso sí, nunca juzgues el contenido de un paquete por su envoltorio, queridita mía -. Dijo rozándole la mejilla.- Y un consejo más: no tengas demasiada prisa por entregar tu virginidad, Amie. Encuentra a un hombre que valga la pena. Encuentra a un hombre con el que tengas ganas de hablar a altas horas de la madrugada, un hombre con el que puedas discutir cuando sea necesario hacerlo y que te haga chisporrotear cuando te toque.
- ¿Chisporrotear? – repitió Amie dubitativamente.
- Confía en mí. Cuando encuentres el hombre apropiado, enseguida lo sabrás.- dijo Edna -. Lo sentirás. No serás capaz de alejarte de él… -. Satisfecha tras soltar su discurso, le plantó un beso a Amie en la mejilla y se dispuso a marcharse. Amie contempló su retirada sumida en un pensamiento silencioso.
Algunas de todas las palabras que una vez leí tenían algo de verdad, algo que hacía identificarme con la joven Amie.
Quizás esto se deba al gran temor que se esconde en mí como el que se escondía en ella. “Quizás espero demasiado. Quizás estoy esperando la llegada de algo que ni siquiera existe”. Pero con algunas diferencias…
Yo quiero estar sola, conmigo misma. No dejar de conocerme a mí misma, de conocer mis ideas, mis limitaciones, mis sentimientos…Aún así, quiero estar sola, no quiero que nadie se entrometa en mi vida de tal modo que me deje atado a él. No de momento. No quiero ese tipo de preocupaciones ni compromisos... No quiero que me aten después de tanto tiempo en libertad. Estoy bien sola conmigo misma y nadie más.
Es algo confuso. Mientras que la chica esa busca a un hombre, más bien un caballero (con intención de perder con él su virginidad). Yo huyo de ellos. No sé por qué. Siempre ando diciendo cosas como “busco a mi príncipe azul”, “espero que mi príncipe azul llame a mi puerta”, “quiero encontrar a mi príncipe azul”, etc, etc, etc…lo que puede ser cierto.
Pero luego, cada vez que pienso que un hombre entre en mi vida para dejarla “patas arriba” me quedo muda, a veces me sudan las palmas de las manos, a veces me echo a temblar interiormente mientras mi mente grita desesperadamente diciendo “NO”.
Sinceramente, esto me asusta, me entra el miedo, me siento muy confusa y a veces me da por pensar que “no sé ni lo que quiero” lo cual puede ser cierto tras tantas dudas.
Todos estos pensamientos revoloteaban en mi mente como mariposas en un tarro vacío de mermelada deseando salir.
De pie allí inmóvil, frente al espejo, imaginé cosas que sabía y que, sin embargo, desconocía, al no estar segura de lo que era real o de lo que era más que fruto de mi distorsionada fantasía. Había soñado y había recordado, no distinguía una cosa de otra y rehúyo hacer preguntas por miedo a que se me revelase lo que hay oculto en mi interior que ni siquiera yo conozco.
En esos instantes supe que huía de los hombres a causa del pánico. Y supe, asimismo, que hasta que me atreviese a enfrentarme con la causa de mis temores, todos aquellos deseos míos no serían otra cosa que humo y sueños…

P.D.: No me cortes las alas…
¡¡Un beso!!
Principessa
6 pensamientos:
Los hombres no somos malos del todo... bueno, algunos, puede que sí, pero muchos se salvan. No hay razón para los temores.
Cautela, sí, pero nunca temores.
Un beso.
tienes razon,muxas veces entregarse da miedo.yo misma,en estos instantes de mi vida,no quiero a nadie conmigo,quiero estar libreun buen tiempo. ahora quiero centrarme en mis amigas,familia y colegio,y no quiero sumar mas preocupaciones.
un beso!!
ES una buena reflexiòn la que haces,a veces los principes azules "destiñen",pero no todos.No debemos dejar que nuestras inseguridades nos impidan reconocer lo que hay de bueno en las personas.
Un saludo.
Yo también me alejo de los hombres, simple y sencillamente porque en mi cabeza no cabe que uno de los de su especie pueda ser fiel o pueda enamorarse.
De veras, no creo que un hombre sea capaz de amar a alguien que no sea él mismo.
Por esa simple razón no dejo entrar a nadie en mi vida. Unos me llaman amargada, otros feminista y algunos más desubicada...no me importa lo que digan. El úinico hombre que quise falleció y la verdad no quiero a otro. No es que sea cerrada, es simplemente que no confío en ellos.
Betzabé - cariño pero tú aún eres bastante joven y la vida da muchas vueltas, no es malo que te vuelvas a enamorar...solo que antes debe de aparecer el hombre adecuado, el cual parece ser que vive mejor entre las sombras y le da miedo salir a la luz, vamos, que no hay quien lo encuentre!! jajajaja
¡¡Un beso!!
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