
Es un juego que siempre oí, pero nunca se me ocurrió jugar. Todo comenzó cuando una noche vimos una película que se basaba en ese juego. “Capaz o incapaz…” se le decía a alguien tras proponerle un reto o una prueba. Y la otra persona respondía según sus posibilidades de éxito.
Esa noche, mi hermana y yo, tras ver la peli; bueno, a decir verdad no pudimos verla entera ya que comenzamos a verla en megaupload, y eso perdona que lo diga pero es una autentica “mierda” porque siempre te quita el caramelo de la boca cuando mayor sabor tiene. Vamos, ustedes me comprendéis, que lo corta en lo mejor de la peli… Y aunque intenté de mil maneras poder terminar de ver la película, fuese del modo que fuese, fue imposible.
Pues después de tener que dejar de ver la peli, nos dispusimos a acostarnos. Obviamente no teníamos sueño, nos habíamos quedado con las ganas de ver la película.
- Mi hermana.- Cuéntame algo que yo no sepa…
- Yo.- Humm…no sé…¿qué te cuento?
Esa fue mi repuesta, ya que me había quedado en blanco. Es de esas veces que tú buscas a toda velocidad decir algo, pero tu mente se queda bloqueada y no encuentras una respuesta coherente y por lo tanto, dices “no sé”.
- Mi hermana.- Cuéntame un cuento. Invéntate una historia con hadas, unicornios, brujas, princesas, vampiros y seres sobrenaturales. ¿Capaz o incapaz?
- Yo.- Capaz. Pero no te aseguro de que la historia sea buena.
- Mi hermana.- No importa lo buena o mala que sea, lo que importa es el reto; es decir, si lo haces o no.
- Yo.- Esta bien.
Y así fue como comenzó este juego entre nosotras y le conté este misterioso cuento:
Erase una vez una dulce y hermosa joven llamada Denisse. Era alta y esbelta, su piel era clara como el marfil, sus cabellos era un revoltijo de risos del color del trigo y largo hasta su delgada cintura. Sus ojos…sus ojos eran especiales, era de un celeste cielo tan intenso que parecían turquesa.
Andaba por el siglo XVIII, de modo que no había grandes avances tecnológicos, ni existían grandes comercios, ni había grandes y abarrotadas ciudades. No, tan sólo había algunas aldeas, y en una de ellas vivía la hermosa joven.
Un día, la joven paseaba por un bosque cercano a la aldea. El sol se iba escondiendo cada vez más y el bosque quedaba en penumbra; de modo que la noche se acercaba. La chica caminaba y caminaba, pero estaba perdida porque se había adentrado en lo más profundo del bosque y no encontraba la salida. Daba vueltas y vueltas sin dejar de caminar y sin dejar de percibir que unos enormes ojos negros la observaban. Era un enorme cuervo. Ella apresuró el paso, pero seguía sin encontrar el camino de vuelta a casa.
En el lugar más recóndito del bosque, vivía una vieja y malvada bruja con cara de buitre, calva y una verruga en la nariz. Era una de las criaturas más espantosa, por eso se mantenía en la oscuridad apartada de la vista de los aldeanos. Vivía con un enanito, un enanito gruñón que se encargaba de cortar la madera del bosque para avivar el fuego de la cabaña de la bruja; además, de hacer las tareas de la casa.
Pero la joven perdida tuvo suerte, porque algo se acercaba trotando hacía ella. Era un unicornio blanco como un ángel. El unicornio se ofreció para guiarla por el camino y llevarla a casa.
A la mañana siguiente, a las claras del alba, la muchacha ya estaba dispuesta a comenzar un nuevo día al igual que hacía todas las mañanas. Pero antes que nada debía desayunar, así que corría hacía los viejos y oxidados fogones de la cabaña para cocinar. Y allí, se encontró con una sorpresa. Un cervatillo se encargaba de calentar la leche, mientras tanto un par de conejos y varios pajarillos hacían un bonito pastel y un par de ardillas fregaban los platos. ¡Era sorprendente! La joven estaba encantada con la ayuda de los animalitos.
Toc, toc, toc.
Alguien llamaba a la puerta ¿quién era? Se trataba de un fauno, era un mensajero de la corte real para entregar una carta, en la cual se invitaba a la joven, al baile de máscaras que daría los Reyes pasado tres noches.
Pero la preciosa joven estaba desolada, porque no tenía un gran vestido que ponerse. No podría ir al baile y debería rechazar la invitación.
- ¡De eso nada! Decía alguien que hablaba con una o dos personas más.
¡Vaya! Se trataba de tres haditas, llamadas Flora, Fauna y Primavera. Venían a ayudar a la triste jovencita. Con su magia seguro que podrían ayudarla sin ninguna duda. Pero, ¿de qué se podía disfrazar? Las hadas le dieron la idea. Sería una princesa. Sería la princesa del baile solo por una noche.
Así, las hadas, los animalillos y la encantadora joven se pusieron a trabajar para confeccionar su vestido y poder conseguir unos bellos zapatos y una brillante corona. Fue así como pasaron los días y llegó el gran día. El día se hacía demasiado largo, los minutos parecían horas con la gran espera. Para apurar el tiempo, la chica decidió pasear por el bosque ya que no quería descansar para no quedarse dormida puesto que temía que alguien le echase un extraño hechizo y le impidiera ir al baile.
El bosque estaba silencioso, tan solo se escuchaba el sonido de los árboles y los animales que allí habitaban. La joven tan entusiasmada como estaba con el baile, paseaba sin rumbo fijo entre la maleza sin darse cuenta que alguien la seguía y había clavado sus ojos en ella. Pero ella sintió un extraño cosquilleo en la nuca y se volvió para mirar atrás; pero nada, no había nadie. Siguió caminando, pero alguien la seguía observando. Volvió a mirar atrás, pero seguía sin ver a nadie. Ella apresuró sus pasos e intentó correr, pero la pesada falda que vestía le impedía avanzar con ligereza y tropezó con un tronco del camino. En ese momento algo se abalanzó sobre ella. Era un enorme lobo salvaje de ojos negros como el carbón y pelambrera brillante. El lobo fijo sus ojos en los de ella, de modo que podía introducirse en la profundidad del alma de ella. Pero a pesar de que su aspecto fuese salvaje, su intención no era hacer daño a la chica. Así que se apartó y la dejó marchar; mientras tanto observaba como se marchaba.
Por fin, la noche llegó. Y la chica se apresuró a llegar al baile en su precioso unicornio. El palacio estaba lleno de gente. Gente que no reconoció tras sus máscaras, gente que ni siquiera conocía.
Los músicos de piel pálida y fría tocaban una pieza tras otra en un extremo del gran salón, mientras que los invitados danzaban y giraban al compás de la música.
La joven se colocó en un rincón de la sala, no conocía a nadie y tampoco quería llamar la atención. Mientras tanto, como dictaban las normas de cortesía, el apuesto príncipe debía concederle un baile a todas y cada una de las damas allí presentes.
El tiempo pasaba, la medianoche se acercaba y la lista de damas allí presente se iba acabando. Fue justo en ese momento cundo el príncipe buscaba un par de ojos en particular en toda la sala. Él sólo quería bailar con ella. Pero las normas eran las normas. Allí estaba ella, escondida en aquel rincón. Lentamente él se acercó a ella.
- ¿Me concedes esta pieza, princesa?
Le dedicó una gran reverencia a la espera de que ella aceptase su proposición. Ella le sonrió y cogió la mano que le ofrecía y le devolvió la reverencia. Juntos se encaminaron hacia el centro del salón.
Alguien los detuvo. Alguien vestido de negro, de piel pálida, grandes colmillos, labios sangrientos y con una excesiva belleza; acompañada de un gran cuervo. ¿Quién era aquella criatura? ¿Y ese pájaro? A la joven le resultaba algo familiar aquel animal, ya lo había visto anteriormente.
La misteriosa criatura era una atractiva joven que pedía la atención del príncipe, puesto que el príncipe no había bailado con ella. Ella acababa de llegar. El príncipe se negó y respondió diciéndole que era el turno de la hermosa mujer que lo acompañaba. La criatura disfrazada de drácula, no se quedó conforme, así que lanzó un hechizo contra el príncipe. Esto hizo que ella y su mascota volviese a su estado natural ya que no podía mantener dos hechizos a la vez. Era la misma bruja del bosque y su enano gruñón.
El hechizo lanzado no hizo mella en el príncipe. ¿Por qué? Eso nadie lo sabía. Pero la joven Denisse se le quedo mirando aterrorizada, hasta que comprendió que esos oscuros ojos del color del carbón lo había visto antes. Pero no sabía donde…
La ira corría por las venas del príncipe, haciendo así que se estremeciera. Apareciendo en su lugar un gran lobo de pelambrera dorada al igual que su pálida piel en la realidad. Era el mismo lobo que esa misma tarde se había cruzado con la joven en el bosque.
Ante la presencia del enorme lobo, la bruja comenzó a andar hacia atrás. Ahora comprendía por qué sus hechizos no hacían daño al príncipe. Él era un ser sobrenatural.
El gran lobo se interpuso entre la bruja y la joven “princesa”, de modo que pudiese proteger a la exaltada joven. Mientras tanto, la bruja y el enanito seguían caminando hacia atrás, hacia uno de los extremos del gran salón, acobardados por el enorme y salvaje lobo.
Quizás las brujas no tuviesen la capacidad de mantener dos hechizos a la vez, puesto que ellas no eran seres sobrenaturales, sino tan solo seres humanos con extrañas ideas y ciertos dones a su favor. Mientras que los seres sobrenaturales si tenían esa capacidad de mantener varios hechizos o dones al mismo tiempo, sobre cualquier criatura.
Fue gracias a esos dones que poseía el lobo lo que hizo arrinconar a la bruja y su enanito, clavando sus negros y fogosos ojos en ella. Era tan grande la presión que ejercía que empezó a levantarse del suelo una gran columna de humo y aire caliente que se arremolinaba sobre aquellas criaturas malvadas, dándole la impresión que era fuego lo que los rodeaban. El mismo ardor que corría por las venas ardientes del lobo, quemaba a la bruja y su acompañante haciéndolos cenizas.
Por fin, todo aquel malentendido llegaba a su fin. Y llegaba el momento en que el príncipe y la hermosa joven pudiesen disfrutar del baile que tanto deseaban. Danzaron y giraron por toda la sala hasta que los músicos tocaron la última nota del vals.
Mientras tanto, el tiempo volaba, y Denisse debía marcharse; no podría permanecer más tiempo allí si quería llegar a tiempo a casa. Pero el príncipe la retenía, quería decirle algo y la llamaba para llevarla ante los Reyes. Pero ella ya había comenzado a correr para marcharse, no tenía tiempo para quedarse.
Con su unicornio llegó a casa con el tiempo justo para cambiar el lujoso vestido que llevaba por algún otro vestido más cómodo y llegar al pequeño lago que había a un lado de su casa junto al bosque.
La magia no tardaría en llegar a ella. Pero ella no había llegado sola a casa. Alguien la había seguido. Era el príncipe que salió tras ella con un caballo que encontró.
Pero eso no importaba. Las chispas de magia ya subían por sus piernas hacia arriba para convertirla en la criatura que era cada noche hasta el alba. Era un precioso cisne blanco.
El príncipe no se sorprendió de verla así. No era la primera vez que la veía, hacía ya un par de noches que la observaba desde lejos. No le importaba que fuese un cisne, al fin y al cabo él era un lobo. Aún así, él seguiría amando para siempre. De modo que no le quedó otra opción que sentarse a esperar que llegase el alba.
Con las primeras luces del día, el príncipe llevaba a la joven de vuelta al palacio ante los Reyes. Le pidió matrimonio y se casaron en pocos días, y luego tendrían muchos críos. Alguien especial les hizo un regalo por el casamiento, le regalaron un pequeño palacio en el interior del bosque. En la puerta principal encontraron un papel clavado que decía “ Con mucho amor. Flora, Fauna y Primavera”.
Así fue como la hermosa joven se convirtió en una princesa de verdad, que algún día sería reina. Junto a su príncipe y sus críos, vivieron felices y comieron perdices.
- Yo.- ¿Te ha gustado?
- Mi hermana.- Sí, pero quizás sea un poco extenso.
- Yo.- Ya, ¿pero ya tienes sueño?
- Mi hermana.- Sí.
- Yo.- Entonces, “yasta”. A dormir. ¡Buenas noches!
Esa noche, el juego entre mi hermana y yo quedaría parado para otro momento. Pero el juego con vosotros…tan sólo acaba de empezar… :D




3 pensamientos:
Ella en cisne, él en lobo. Dos seres mágicos. Si es que Dios los cría, y ellos se juntan.
Bonito cuento.
P.D.: Se me olvidaba. Me han explicado un truco que, la verdad, aún no sé si funciona, pero podrías probarlo. Se trata de poner una peli con Megaupload, darle a pausa, esperar a que se descargue por completo, y, antes de darle a play otra vez, darle a "trabajar sin conexión". Dicen que así funciona. Pero te repito, aún no lo he probado.
Besitos.
Holaaa!!!
Perikiyo - me alegro de que te haya gustado mi cuento!!! jajajaja
En cuanto a lo de megaupload...yo lo he probado, y no sirve mucho, al final siempre se te corta cuando has visto los 72 minutos.
Lo que a mi me ha pasado tambien es que he comenzado a ver una peli y he tenido que dejarla porque se corta, y luego otro día la pongo a cargar de nuevo para seguir viendola, y cuando la pongo por donde iba se queda pillado y no reproduce nada...¡ que fastidio! xD
¡¡Un beso!!
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