jueves, 21 de octubre de 2010

¿Dónde estaba la cámara oculta?


Perdonad mi pequeña nueva ausencia, pero hasta ahora no he encontrado un huequito tranquilo en el que poder publicar esto; puesto que esto ya llevaba un tiempo escrito esperando ver la luz. Todo se debe a que he andado bastante liada con los papeles de la facultad y para colmo he estado casi una semanita resfriada sin poder hacer casi nada. Así que os dejo lo que llevaba tiempo queriendo publicar.


“… me enamoré de él”


Ya se iba acercando la última semana en Londres; pero aún quedaba bastantes días para disfrutar de todo aquello.

Una tarde, después de haber estado de aquí para allá visitando cosas, decidimos volvernos a nuestra residencia para descansar y prepararnos para salir por la noche. Pero antes de volver directamente a la resi, nos pasamos por una tienda de suvenires que había cerca a la resi. Alli podías encontrar de todo lo que quisieras; eso sí, con el sello de “London” o la bandera de Reino Unido. Ya sabes los típicos detallitos que encuentras en cualquier tienda de regalitos.


Una vez en la tienda, mi amiga se fue directa para las sudaderas de “LONDON”, ya que pensaba comprarse una. Yo, como ya tenía la mía, pues me dispuse a dar una vuelta por allí hasta que me fijé en l@s maletas/bolsos de mano que allí había. Y me dio por pensar que quizás necesitaría una para volver, puesto que lo que llevaba como equipaje de mano era una simple maleta de colegio y sabía que se me quedaría pequeña. Así que me puse a mirar los bolsos por si me gustaba alguno y lo necesitaba; pues vendría a comprarlo otro día. Hasta que mi escrutadora mirada se detuvo en uno que me gustó mucho. Era grandecito, de color rosa, parecido a la piel de cocodrilo, ¡vamos muy elegante! Y me enamoré de él. Pero su precio me echó para atrás. Su precio real eran £50, pero daba la casualidad que estaba rebajado a £30. Pero yo ni de coña podía gastarme ese dinero en un bolso, ya que no sabía si ese dinero iba a necesitarlo para algo más importante o urgente. Así que pasé de él y me dispuse a mirar los otros bolsos más baratos. Hasta que vi uno que me agradó mucho, pero no tanto como el otro. No pensé llevármelo en aquel momento, esperaría un par de días; hasta que no viese que me hacia verdadera falta. Así que ni uh bolso ni otro. Después de que mi amiga se comprase la sudadera y un par de cosas más, nos volvimos a la residencia.

En fin, era una pena que no me pudiese comprar ese bolso tan elegante y que tanto me había gustado. Bueno, no importa, ya se me pasaría ese antojo.

La sorpresa llegó al día siguiente, cuando mi amiga y yo nos dirigíamos al ascensor para ir al comedor a desayunar. Estábamos allí esperando a que el ascensor, tan lento como era, llegara a nuestra planta; cuando yo tan curiosa como siempre, me da por mirar detenidamente a mi alrededor hasta que algo capta toda mi atención. Me acerco a la ventana que hay frente a la puerta del ascensor para mirar lo que allí había sobre el alféizar.

No podía ser. Mis ojos no daban crédito a lo que estaban viendo. Aquello no estaba ocurriendo. Pero sí, era real. Allí sobre el alféizar se encontraba un bolso con un trozo de papel sobre él, en el cual decía: FREE. “¿Free?, ¿Gratis?, ¿De qué hablas? Esto tiene trampa seguro”. La verdad es que me daba miedo hasta tocarlo. ¿Dónde estaba la cámara oculta? “Aquello era una broma”. Pero no. Aquello no tenía trampa, porque el bolso estaba completamente vacío y como nuevo. Y yo mire una y otra vez a mí alrededor en busca de algún indicio que me hiciese pensar que allí había una cámara. Pero no, tampoco vi ninguna cámara “oculta” por allí. Tan sólo estábamos nosotras en aquel pasillo tan feo. ¿Qué íbamos a hacer con el bolso aquel? Si estaba allí, es por algo. Mi amiga y yo nos miramos y lo cogimos y salimos pitando para nuestra habitación. Sí ahora podéis tacharme de ladrona, pero ¿qué hubieseis hecho vosotros? Si yo no me lo llevaba, alguien vendría detrás de mí y se lo llevaría seguro. En fin, que definitivamente, allí no había cámaras ocultas ni nada, puesto que nadie vino a reclamar el bolso en los días siguientes. Así que el bolso pasó a ser completamente mío, porque mi amiga ya tenía su bolso de mano y yo no; y más que nada, porque un día me enamore de él.



¿No me iba a enamorar de él? Si era el mismo bolso elegante que había estado mirando la tarde anterior en aquella tienda. La única diferencia era que el que yo tenía en mis manos era marrón grisáceo, ¡más elegante todavía! Y éste me había salido ¡Free! ¡Qué buena suerte la mía! Jajajaja

Todavía no me lo creo, porque por lo general estas cosas no me ocurren a mí. Así, que aquí estoy yo más feliz con mi nuevo bolso. Ya sabéis, si os hace falta, yo os lo presto sin problemas, pero lo quiero de vuelta, eh! Jajajaja =P



¡Un besoo!

Principessa

2 pensamientos:

Jo Grass on 21 de octubre de 2010 a las 21:04 dijo...

Qué casualidad y qué buena suerte que fuera el mismo bolso, jajaja Era una señal. No te sientas culpable, era FREE, y te estaba esperando a TÍ!

besitos

Rosana Martí on 31 de octubre de 2010 a las 17:52 dijo...

Hola Principessa!!..Yo pasaba por aquí dando un paseito y me encontre en tu casa, espero que no te importe que me quede. Un beso, te invito a mi espacio de letras, espero que te guste.

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